AHORRAR EN COMIDA Y TRANSPORTE

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Ya hemos hablado sobradamente de la necesidad de quitarnos caprichos cuando no nos los podemos permitir. La crisis ha hecho una pequeña corrección en nuestro consumo pero poco a poco, según mejore la situación económica, volvemos a la senda del gasto. Por ahora nuestra balanza de pagos, la diferencia entre las importaciones y exportaciones, lo que compramos y vendemos al extranjero, no es nada halagüeña. Resulta que jamás hemos vendido tanto como en estos últimos meses, llegando a conseguir un saldo positivo, es decir, que el mundo nos compraba más que nosotros a ellos; algo insólito en nuestra historia.

Pues bien, en el momento que algunas cifras macroeconómicas han mejorado y tímidamente ha empezado a circular algo de dinero nos hemos vuelto locos, nos hemos lanzado a importar como si no hubiera un mañana. Hay quien dice que ha sido ese consumo diferido, ese “no gastar durante la crisis por lo que pueda ocurrir” que ha dado paso al “ya nos estamos recuperando, gastemos”.

Si somos de los que, tras la crisis, hemos sacado en claro que hay gastos que no nos hacen felices, no nos dan mejor nivel de vida y nos permiten ahorrar y gastar en lo que, de verdad, nos interesa, hay una serie de recomendaciones muy fáciles de seguir para nuestros consumos corrientes. Ahí va:

COMIDA. Ya vimos lo que eran las marcas blancas y el beneficio que podían ofrecernos tanto en nuestra cesta de la compra, como en nuestras finanzas. Y también que a la hora de hacer la compra en el supermercado también tenemos una serie de trucos que ya vimos y que se notan, doy fe. Ojo, si ahorrar en comida supone una merma en nuestra salud vamos a rechazar esta vía. Cualquier medida que tomemos siempre pasará por alimentarse bien, eso desde luego.

Pues bien, hay más, mucho más de dónde rascar. Para empezar deberíamos descartar el comer fuera de casa y platos precocinados. Esto solo nos ahorrará tiempo, no mejora nuestra salud y debiéramos meterlo en el capítulo CAPRICHOS. Si no es obligado por nuestra actividad laboral deberíamos evitar comer fuera, si no hay más remedio recuerda evitar las bebidas, ya sean vinos o refrescos. Es uno de los mayores ingresos de los establecimientos y donde tienen más margen de beneficios. También es interesante el evitar postres y pedir más comida verde, suele ser más barata. Tampoco estaría de más estar al tanto del resto trucos que utilizan en los restaurantes, sobre todo en sus cartas.

Estas renuncias no debieran verse como una merma en nuestra salud, son todo lo contrario. La obesidad empieza a ser una enfermedad en los países ricos, hay mucha carne, mucho lácteo, mucho dulce y alimentos elaborados. Además es un gasto doble porque se trata de comida cara que más tarde nos va a obligar a gastar de nuevo en productos adelgazantes, endocrinos, libros, etc.

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TRANSPORTE. Los datos estadísticos dejan una cosa clara, España es un país motorizado. Tras la crisis la tasa de vehículos por cada mil habitantes ha bajado pero sigue siendo muy alta. Estamos en 471 vehículos por cada mil españoles, frente a los 481 que había en 2007 (según datos de la Anfac). En total hay 27,94 millones de vehículos, un dato altísimo que nos iguala a las grandes naciones europeas. Desde luego tenemos costumbre de coger el coche para todo, eso está claro. Lo que no está tan claro es que consideremos el coche como un artículo de lujo y el caso es que los datos nos dicen que lo es. Como con muchos otros instrumentos y cacharritos que nos rodean, a las marcas fabricantes no les merece la pena que sus productos nos duren muchos años y que no molesten. Es la conocida obsolescencia programada y esa necesidad de tener que pasar por el taller o por el concesionario sí o sí y cada poco tiempo. Efectivamente los coches ya no son como los de antes y eso es algo que olvidamos cuando los vamos a comprar. A todo esto hay que sumar seguros que no utilizaremos en la mayoría de los casos, revisiones, piezas, impuestos y un oneroso etcétera. A no ser que compremos un coche clásico y no lo utilicemos habitualmente, el coche siempre es una inversión ruinosa, que pierde valor desde el primer minuto. Por ello deberíamos evitar comprar con préstamos, al menos si no es fundamental e imprescindible. Si lo es habrá que comprar un vehículo que se adapte a nuestras necesidades y no el vehículo que más envidias dé a la familia del pueblo o a los vecinos. Por muchas facilidades que den los leasing, los rentings y las compras a plazos acaban significando que pagamos más de lo que debiéramos. Por eso, si no tenemos el dinero y no es absolutamente imprescindible, evítalo. Si es imprescindible plantéate la segunda mano, un mercado que ha crecido de forma extraordinaria en crisis. Busca un vehículo que haya salido bien, que no dé problemas y cómpralo en un lugar donde te den garantías. Según la vida y los desplazamientos que tengas quizá te merezca la pena un coche barato. Te va a llevar y traer de la misma manera que uno lujoso y todos los consumos aparejados serán más llevaderos.

Ya digo, los caprichos son para quien se los puede permitir.

Rafael Jordá