El apalancamiento familiar

¿Qué sería de nosotros sin ustedes?

¿Qué sería de nosotros sin ustedes?

Todos conocemos a algún “figura” como el del dibujo, con un poco de suerte lo habremos visto de lejos. De corazón espero que no haya nadie que se dé por aludido. Es un tipo al que tratan muy bien en las tiendas, le acogen con los brazos abiertos; y mucho más en los bancos. Es el prototipo de persona que vive por encima de sus posibilidades con un dinero que no tiene, con el dinero que le fían. Y lo hace independientemente de sus ingresos porque estos siempre serán insuficientes.

Recuerdo una imagen anterior a la crisis, quizá de 2007. Era como un síndrome contagioso. Urbanizaciones de adosados, con vecinos muy juntitos, que competían por tener la piscina más ostentosa. Poco importaba que no la utilizasen y tampoco el gasto de construcción, de mantenimiento e incluso el daño estético que suponía llenar las albercas de estatuas de afrodita, flamencos, mosaicos y cascadas bucólicas. En la calle aguardaban coches con más caballos, metros, luces y botones de los necesarios, todo ello financiado con un dinero que entonces salía barato y con la única idea de ganar una absurda carrera, la de generar envidia a sus vecinos y tener más que ellos. Una carrera que, por cierto, no se gana nunca y que tiene en las tarjetas de crédito y las financieras, sus mejores esteroides.

Al figura en cuestión, al de la imagen, le va a hacer falta afinar mucho con la herramienta de austere para evitar, antes o después, un montón de problemas financieros. Que su vida se desboque. Y lo peor de todo es que una vez se entra en ese círculo resulta muy difícil salir. Si alguna vez le da por echar cuentas de los intereses que lleva pagados a los bancos se dará cuenta de que aquel capricho irrenunciable podía haber esperado unos meses y seguir siendo magnífico sin tener que pagar un sobreprecio por él.

El tipo del dibujo ya vivía así antes de que empezase la crisis y es muy posible que la haya sufrido con intensidad viéndose obligado a hacer una corrección. Si tenía familia la corrección ha sido compartida y posiblemente dramática.

LOS NÚMEROS. El apalancamiento de las familias, su deuda, se ha reducido durante la crisis en 90.000 millones de euros. Esta cifra puede demostrar que, pese a las adversidades, pese a que el coste de la vida ha subido en general, la gente se ha concienciado, se ha apretado el cinturón drásticamente. Pero ojo, también se han concedido muchas menos hipotecas e incluso un 70% de las transacciones de vivienda han sido sin préstamos de por medio. También ha subido el número de desahucios, quizá no tanto como lo que nos ha hecho ver el clamor de los medios de comunicación, pero en cualquier caso mucha gente ha perdido esa carrera y ha quedado en la cuneta. Hay que recordar que el consumismo anterior a la crisis estaba desbocado.

Es la diferencia entre llevar las riendas de tus dineros, de tu vida, o que ellos te conduzcan a ti.  Y es una diferencia ABISMAL, con mil matices y circunstancias distintas. No hay que insistir mucho en que siempre hay que procurar estar entre los primeros. No dejarte llevar por cantos de sirena, tanto por comprar como por endeudarte, no guiarte por un consumismo innecesario.

En general nuestro gasto más importante de nuestras cuentas es la hipoteca, con su letra mensual. El 82% tiene una vivienda en propiedad, solo el 18% alquila,  y un 26% todavía la está pagando. La hipoteca media está por debajo de los 100.000 € y el tipo de interés medio es de un 4,24 en 2012. Si mejoras estos datos ENHORABUENA.

¿CUÁNTO NOS PODEMOS ENDEUDAR?. En realidad solo existen dos maneras de terminar con él endeudamiento. Reducirlo o suspender pagos. Lo suyo es que esa deuda no supere el 40% de nuestros ingresos, y es recomendable que esté en el 30%. Por eso la herramienta Austere estima nuestras cuentas calculando ese porcentaje y nos da una nota para ubicarnos. Cuanto más bajo sea ese porcentaje mejor irán nuestras finanzas y más controlada tendremos la deuda. Es una cifra orientativa que dependerá de más factores naturalmente, pero un buen punto de partida.

Si vienen mal dadas, si hemos calculado mal y las deudas superan a los ingresos por un largo periodo tendremos que suspender pagos, será la llamada quiebra familiar. La Ley Consursal reserva para las familias un mínimo muy mínimo necesario para vivir y el resto lo reparte entre los acreedores. Es un proceso de venta de nuestro patrimonio y por tanto resulta caro y muy lento, sobre todo porque depende de la justicia y ya sabemos cuál es su velocidad. La quiebra se solicita en un juzgado, se intervienen nuestras cuentas y dejan de recibirse avisos de impago.

Cada vez que te veas como el tipo del dibujo piensa si quieres acabar en este penúltimo párrafo.

Rafael Jordá