El Gasto en Ropa

Cariño, el bebé ya está cambiado. Me bajo un momento al bar a relajarme

¿Cómo desarrollar este titular sin acabar resultando miserable o cutre. Es un tema que ataña a la imagen que proyectamos, a cómo nos vemos y cómo nos ven, es decir, que es delicado. Conozco gente que renueva su armario todos los años, que regala la ropa de otras temporadas a la caridad y luego se queja una y mil veces de su economía o incluso pide dinero para terminar el mes. En fin, vamos a intentarlo.

En su día hablamos de la obsolescencia programada, esa “gracieta” que pactaron las empresas para fabricar de mala calidad, con fallos deliverados, para hacernos pasar por caja cada poco. Al parecer intentaron obligarnos por ley pero finalmente no les salió y no les dejaron hacerlo. La dichosa obsolescencia está a pie de calle y muchas veces no tenemos más remedio que pasar por el aro y soltar billetes por esa lavadora que tiene una frágil piececita de plástico que se rompe o ese móvil que no dura más de un años. Ya digo, en ese caso no tenemos más remedio; en el de la ropa, si lo hay. Las modas cada vez son más fugaces y parte del éxito de las marcas se debe a su rapidez en sacar las colecciones. Naturalmente si te empeñas en ir a la última vas a entrar en un ritmo desquiciante, sobre todo para tus cuentas. Toda esa ropa de moda es la más cara pero meses después, cuando ya te estén metiendo otra tendencia por los ojos, dejará de serlo.

En líneas generales lo primero debiera ser evitar el “borreguismo” y procurar tener personalidad, pero eso no está al alcance de todos y además prefiero no meterme en ese jardín. Sí lo está elegir una moda general, clásica, esa que es la habitual, la que cambia muy lentamente, que puede quedarnos bien, favorecernos y tendrá una vida más larga en nuestro armario. Normalmente las personas que encabezan las listas de las más elegantes tienen un estilo clásico, van como un pincelito y curiosamente nunca suelen comprar lo más trendy, lo último. Desde luego hay que tener cuerpo, madera, hay que saber llevar la ropa, pero no está mal fijarse esos objetivos aunque nos quedemos por el camino.

También procura comprar ropa que no necesite tintorería, revisar la etiqueta para comprar algodón y telas sintéticas en lugar de pieles y sedas. También es interesante que no pierdas la cabeza por los accesorios, sobre todo las féminas. Esos zapatos, bolsos, joyas, relojes son muy caros. Si lo piensas bien no hacen falta tantos y además suelen durar muchos años. Un bolso o una joya difícilmente se estropeará de una temporada a otra. Naturalmente procura llevar lo que te apetezca, lo que te siente bien y no lo que te digan.

Si es posible visita outlets. Allí está la ropa de otras temporadas, tanto en tiendas como online. Son prendas nuevas, a un menor precio o con descuentos que pueden llegar al 70%. También aprovecha cupones, fidelizaciones y naturalmente las rebajas.

Cariño, el bebé ya está cambiado. Bajo un momento al bar a relajarme

Cariño, el bebé ya está cambiado. Me bajo un momento al bar a relajarme

Cuando vayamos a comprar y al igual que hacíamos en el supermercado, será interesante hacer una lista de las necesidades, no salirnos de ella y fijarnos un presupuesto. No nos compraremos una parka por muy bueno que sea su precio si no hay necesidad ni posibilidades de que la haya en un futuro. Es muy tentador, lo sé, pero hay que ser fuertes si queremos ahorrar. También es recomendable comparar precios en distintos lugares y escoger prendas versátiles, como los pantalones vaqueros o las camisas blancas. Busca colores que combinen bien, que sean más “ponibles” y favorezcan. Está estudiado que a la gente de piel clara les quedan mejor los verdes y marrones; a los morenos, los azules, negros o cobaltos. No nos empeñemos con la ropa que le hemos visto a la modelo porque puede que a nosotros no nos quede tan bien.

Las prendas nos entran por los ojos, ya sea en el escaparate, en la tele o en otra persona, pero será recomendable probarlas siempre para tener muy claro que nos sientan bien y tener en mente que nos va a combinar con el resto del armario. Hay kilos y más kilos de ropa perdida apolillándose en los cajones por no tener esto en cuenta y un montón de dinero derrochado que nos puede venir mejor en cualquier otro apartado de nuestra lista de gastos.

Rafael Jordá