¿ES QUE NADIE PIENSA EN LOS NIÑOS?

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Sí, lo sé, es un titular exagerado y efectista, es la frase de Moe Szyslak en Los Simpson. Tuve la tentación de embutir otras palabras con gancho, como “gratis” o “sexo” pero no entraban ni con calzador en el sentido del artículo que quería escribir. El tema va de educar a nuestras criaturas. Ojo, educación económica no vayan a pensar, lo nuestro en http://www.austere.es es la economía y Dios me libre de meterme en camisas de once varas sobre que los nenes no fastidien en el restaurante y no le arranquen las ramas a los árboles.

En verdad creo que lo más importante que le vamos a dejar a nuestros deudos no serán cacharritos, ni pantallitas para que arrastren los dedos, ni ropa, ni fotos y quizá tampoco un piso en herencia. Lo más importante que les vamos a dejar serán unos valores, unos principios y sabiduría para moverse por la vida con soltura, para poder ser felices. Entre todos esos preceptos, por lo que me toca, yo destacaría la educación económica, una educación vital que desgraciadamente no van a ver en la escuela.

HABLAR DE DINERO. Por un lado habría que quitarles la idea del dinero fácil, eso tiene que llegar lo antes posible. El dinero no brota de la tierra, cuesta un esfuerzo conseguirlo y hay que tenerle un cierto respeto. Nadie está hablando de ser un avaro, de no gastarse ni un céntimo, más bien se trata de ser consciente de los gastos. Por muy bueno que sea su trabajo, muy apabullante que resulte su inteligencia y sus capacidades no van a valer de mucho si se pasa la vida entrampado e incapaz de ser feliz.

Hay que hablar del dinero con naturalidad, sin dramas ni reverencias, charlar de nuestra propia economía, y hay que hacerlo sin mentir. Si el tema de los dineros no va bien habrá que decírselo y explicarle en todo momento el esfuerzo que suponen los gastos, incluso los más pequeños. Habrá que explicarle conceptos básicos, la importancia del ahorro para poder conseguir las cosas que nos hacen felices, valorarlas y advertirle de los peligros que supone el endeudamiento. Para ellos, para los niños, todo esto debiera ser tan sencillo como sumar y restar, sumar ingresos y gastos procurando restar a los primeros los segundos y que siempre nos salga un número positivo. No suena complicado, ¿verdad?

jorda-bomboningTambién será imprescindible predicar con el ejemplo, no nos pueden ver derrochar tontamente ni vivir por encima de nuestras posibilidades. Hay que alejarles de la envidia a los demás, una envidia que, por un lado nos obliga a realizar ciertos gastos innecesarios y por otro nos granjea enemigos de la forma más tonta. Ellos deberán tener bien claro que compramos lo que necesitamos, lo que os hace felices y que no hay otra motivación en el gasto.

También podemos llevarlos de compras porque puede ser una magnífica oportunidad para servir de ejemplo y que no nos vean hacer tonterías con el dinero. La mejor manera de convertirse en un consumidor inteligente es viendo a alguien ejercer.

Ellos saben mejor que nadie que el valor no es lo mismo que el precio. Todos lo hemos tenido claro alguna vez en la vida, jugando con las cajas que contenían los juguetes, o con chapas o palos. Hay que procurar que nunca se les vaya de la cabeza este concepto y si nosotros lo hemos olvidado habrá que intentar recordarlo.

PRÁCTICA. Como para todo en este mundo la mejor manera de aprender será siempre la práctica, afortunadamente la economía está en la calle y habrá mil maneras de ejercitarse. Una forma sencilla y entretenida puede ser que ellos nos ayuden a hacer ciertos presupuestos familiares como son comprar un regalo u organizar su propia fiesta de cumpleaños calculando el gasto aproximado que significará cada invitado. Habrá un presupuesto máximo de gasto y deberán ajustarse a él, sin desviaciones… eso se lo dejamos a los políticos con sus autopistas, aeropuertos y centros culturales.

A los niños debe quedarles muy claro que el dinero es algo finito. Aquí he de poner una frase muy manida, pero no por ello menos cierta,  “no tenemos una máquina de hacer dinero”. Habrá que advertirles del peligro que se corre cuando éste se acaba, de lo que significa endeudarse y de que esas tarjetas de plástico que nos permiten ir acumulando cosas tienen dinero detrás, un dinero que igualmente se acaba si gastamos más de los que ganamos.

Cuando los chavales estén iniciados podremos pedir su participación para proponer y ayudar dentro del presupuesto familiar. Nunca detallarles ni darles cifras reales de nuestros ingresos porque cualquier cantidad, por pequeña que sea, le va a parecer mucha. Nuestra economía no es la suya.

LA PAGA. Naturalmente el punto álgido de todas estas enseñanzas será la paga. Ya no dársela o negociarla, si no ver como la gestiona y ayudarle a hacerlo para que le cunda más. Ese sueldecito mensual vendrá impuesto por su entorno social y va a ser muy difícil ir contracorriente, por eso lo mejor es ponerlo de nuestro lado y aprovecharlo para enseñarle. En cualquier caso siempre deberá quedarle muy claro que los recursos son limitados y que es muy interesante ahorrar y diferir un gasto para ir consiguiendo las cosas. Nada hay peor que esa frase de “me voy a dar un capricho”, si la pronunciamos todos los días y en todo momento. Para que un capricho no pierda su sentido tiene que ser ocasional y para que la gestión de su paga sirva de algo ésta no debe ser exagerada. Si la paga se acaba se le podría dar un escarmiento o irle introduciendo el concepto de deuda adelantándole dinero si todo está correcto y justificado. Naturalmente esa deuda, tan presente en la vida de los adultos, tiene que ser muy ocasional. Que no se acostumbre a gastar así.

Siendo pequeños lo más normal es que nos pidan dinero cada vez que lo necesitan. Después lo suyo sería dársela semanalmente, luego quincenal para terminar en una cantidad mensual tal y como la recibimos nosotros y en la medida de nuestras economías. Que se planifiquen el mes contando con ese dinero.

A nivel educativo los especialistas no recomiendan ligar la paga al cumplimiento de ciertas obligaciones, es decir, sacar buenas notas o recoger el cuarto no dependen de una paga. Pero ojo, lavar el coche, los platos o cualquier otro esfuerzo provechoso podría suponer un bonus, unos incentivos.

Todo lo dicho hasta ahora es muy personal, depende de nosotros, de los niños y de decenas de circunstancias de nuestras vidas. Pues bien, una última recomendación y la más personal de todas. CUIDADO CON LA TECNOLOGÍA. Siempre llegará el momento en el que dirá sentirse inadaptado porque todos tienen una tablet, un Smartphone un vaya usted a saber. Independientemente del peligro evidente que corren de entontecerse, cosa que ya están advirtiendo los especialistas, e independientemente que esos instrumentos de trabajo le vayan a ser o no útiles, debemos pensar  en que muchas de esas necesidades le acabarán creando obligaciones… y obligaciones las justas.

Rafael Jordá