¿HOMBRE RICO, HOMBRE POBRE?. MEJOR TEN CABEZA.

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No me gustaría que sonase a batallita, de hecho yo casi no me acuerdo de la serie de 1976 que se llamaba “Hombre rico Hombre Pobre”, tampoco puedo decir que me marcase mucho porque entonces estaba aprendiendo a andar. En ella había dos hermanos, uno de ellos (Peter Strauss) era inteligente, atractivo y ambicioso, perseguía y alcanzaba el sueño americano llegando a ser senador. Naturalmente se dejaba muchos cadáveres en el camino y no acababa de ser feliz. Su hermano, un papel que lanzó a la fama a Nick Nolte, era boxeador, marrullero y  vivía “a salto de mata”. Naturalmente era este segundo personaje el que se ganaba todas las simpatías, era el preferido del público y el más cercano. A la televisión y más a la de aquella época, no se le podían pedir muchos matices, había que ser maniqueo. Eso no quita que, si nos dan a elegir una gran mayoría quisiésemos ser el hermano con posibles o, al menos, querríamos tener esa riqueza que nos permite vivir con cierto desahogo, pero que sigue suponiendo un aliciente para ahorrar y conseguir cosas. Otra cosa es que uno se decida o se vea obligado a ser un malnacido.

Está calculado que el umbral para que esa riqueza nos haga felices está en los 60.000 $, más allá de esa cantidad la felicidad no es proporcional. Naturalmente existen formas de obtener la dicha que no vienen de la mano del dinero, es más, según la Pirámide de Maslow, una teoría psicológica propuesta por el psicólogo Abraham Maslow en su obra “Una teoría sobre la motivación humana”; una vez satisfechas las necesidades más básicas, la felicidad no procede de mayores ingresos económicos, sino del desarrollo individual y la realización en un entorno social. Suena bonito. Si recordamos los mejores momentos de nuestra vida puede que muchos de ellos hayan sido perfectamente gratuitos o casi. Quizá fue una buena fiesta, una lectura, unas risas con amigos, un abrazo, un rencuentro, un beso y naturalmente el sexo satisfactorio. Es decir, que no seamos tan materialistas aunque suene a anuncio.

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¿SOY RICO Y/O FELIZ?. Esa cifra de los 60.000 $ es solo eso, una cifra, un umbral. Hay muchos más, pero al fin y al cabo son estadísticas y estamos hablando de algo tan subjetivo e inaprensible como los sentimientos humanos. ¿Cómo saber si somos o no ricos?, ¿debemos buscar la felicidad en el dinero o a través del dinero?, ¿cómo actuar para que, al menos, el dinero no sea un problema?. Pues para tenerlo claro y aunque parezca mentira, lo primero será fijarnos en nuestra edad. Es fundamental. A lo largo de nuestra vida nuestros ingresos y gastos van a variar y obligatoriamente también lo harán nuestras inversiones. Según esa edad habrá un plazo para nuestras inversiones, un riesgo asumible y también la cantidad de la que disponemos. Ojo, también variará nuestra percepción de la felicidad y, desde luego, también nuestras necesidades. Un matrimonio joven, con hijos pequeños y una hipoteca por pagar no tiene las mismas prioridades ni las mismas necesidades que un trabajador a punto de jubilarse. Además, en el primer caso, te esperan unos 30 o 40 años de inversión, en el segundo mucho menos. En base a estas consideraciones podríamos establecer los siguientes ciclos económicos:

  • Hasta ser veinteañero. Lo más normal es que no tengamos demasiadas deudas ni ingresos. Posiblemente tengamos trabajos poco remunerados e incluso ingresos familiares, es decir, la paga de toda la vida. Sería interesante ir poniendo las bases de lo que va a ser nuestra vida económica e ir quedándose con algunos conceptos.
  • Hasta ser treintañero. Termina la formación y comienza la vida profesional. Tenemos que empezar a ahorrar y poner las bases. Va a ser un ahorro pequeño, eso casi seguro, además son los años en los que vamos a consumir más. Ojo, también puede que sea la etapa más feliz de todas, más ilusionante, por eso habrá que tener mucho tiento y establecer unas buenas bases. Habrá que firmar hipotecas, comprar coche, buscar nuestro hueco en el mercado de trabajo e incluso tener hijos. Si podemos permitirnos un cierto ahorro y queremos invertirlo es el mejor momento para arriesgarse. Con un poco de suerte tendremos muchos años por delante para recuperarnos de un posible batacazo o aprovechar las ganancias. Naturalmente todo tiene sus matices, no todo el mundo puede ahorrar y no todo el mundo debe arriesgar en sus inversiones.
  • Hasta ser cuarentón.  Es muy posible que tus ingresos hayan crecido y también los ahorros. Sería el mejor momento para empezar a pensar en la jubilación y prepararla. Queda lejos el momento de la retirada, pues seguro que sí, pero cuanto antes empieces más camino tendrás hecho. No es una buena edad para asumir riesgos con las inversiones, no quiere decir que no las vayas a hacer, pero procura ir sobre seguro. Si lo haces procura guiarte por el sentido común. Recuerda a los zombis, CEREBRO. Para ahorrar, como para todo, hay que fijarse metas y la jubilación puede ser la mejor de ellas. Ahorrar  por ahorrar e incluso hacerlo compulsivamente, no tiene sentido. En el término medio está el acierto.
  • Hasta la Jubilación. Hay que ser cauto y tener en mente esa jubilación. A estas edades ya se nos han quitado de la cabeza ciertos vapores, cierta necesidad de hacer gasto para apabullar a los vecinos y a la familia. Hay que asegurar el patrimonio e ir cerrando deudas. Ojo, nunca es bueno tenerlas, pero ahora menos, ahora no hay que abrir nuevos frentes, hay que cerrarlos y ser muy exigente con nuestras inversiones. No es momento para jugársela. Si antes hacía falta tener cabeza ahora muchísimo más. Más mayores=más sabios.
  • La Jubilación. Si has tenido cabeza, si has ahorrado, cerrado deudas e invertido con acierto, puede ser el momento más feliz de tu vida. No hay que malgastar, ni de arriesgarse con las inversiones y tampoco el ahorro debiera ser una prioridad. Hay que disfrutar de lo que se tiene y adecuar los gastos a los ingresos más que nunca. Esta será una etapa larga, o eso espero, y es que la esperanza de vida no para de crecer. Actualmente es de 82,8 años en España, 80 años para ellos y 85,6 para ellas. El Gobierno podrá alargar la edad de jubilación y tú, si has tenido esa cabeza que reclamo en el titular, podrás jubilarte cuando te lo pida el cuerpo y no cuando te lo digan ellos. Habrá menos ingresos pero también menos gastos y esperemos que ninguna deuda.

La edad es importantísima, pero también hay que fijarse en nuestra situación familiar, no es lo mismo estar soltero que casado y, desde luego, tampoco divorciado. Eso da para otro artículo y está llevando a la gente a la ruina. Al parecer el 70% de la felicidad de nuestra vida depende de la elección de la pareja, ahí es nada.

También cuenta, y mucho, el tener hijos. Es un gasto, eso desde luego, pero también una inversión y puede ser la mayor de las felicidades por muy cursi que pueda sonar. Con todo ello podrás hacerte una idea de la fiscalidad que te afecta. No olvides tu profesión, pero no solo con los ingresos que te proporciona, que también, hay que preocuparse de la proyección que tiene para crecer, del futuro. Si trabajas echando gasolina en una estación de servicio yo que tú me iba reciclando.

Una recomendación, estar 7 u 8 horas al día dedicadas a algo que te gusta es el colmo de la felicidad.

CONCLUSIÓN. Es una opinión muy personal pero lo importante no es ser rico o ser pobre, es ser feliz. El dinero puede proporcionar esa felicidad si las cosas se hacen con cabeza y sentido común. Si no es así el dinero puede ser nuestro peor enemigo y la principal fuente de infelicidad.

Rafael Jordá