INDEPENDENCIA ECONÓMICA

Simplifica pequeño burgués. Vives alienado y sometido al DINEROSOMETIDO AL DINERO

Simplifica pequeño burgués. Vives alienado y sometido al DINERO

Cuando hablo de independencia no me refiero a esa cansina martingala autonómica organizada para recibir más dinero y estar todo el día en los periódicos. No, no es eso. Tampoco es que los hijos vean la necesidad y la oportunidad de salir de casa, aunque algo tiene que ver con ello. Me refiero a independencia económica y creo firmemente que es una de las mejores cosas que uno puede hacer en la vida para llegar a ser feliz. Vamos a ver porqué.

SOMOS DEPENDIENTES

¿Conduces tu economía doméstica o te conduce ella a ti?. Creo firmemente que todo el mundo debiera tener respuesta clara a esta pregunta. El otro día hablábamos de la importancia de tomarnos en serio nuestras cuentas, nuestros ingresos y gastos, para poder disfrutar de libertad y felicidad. Suena pretencioso, lo sé, suena a tónico “curatodo” del farwest. Pero es fundamental, desde luego mucho más que echar un boleto de la lotería o confiar en una herencia de la tía de América. Por eso y porque la mayoría solo podemos soñar con estas dos opciones, vamos a dar un segundo paso fundamental buscando esa independencia.

Está claro que todos dependemos de algo o alguien en mayor o menor medida. En muchos, muchísimos casos, resulta inevitable esta relación. La mayoría trabajamos por cuenta ajena y nuestro sueldo depende de unos beneficios, unos convenios colectivos y unas condiciones específicas. Otros trabajan por cuenta propia y su mundo no es mucho mejor; es más, a veces es bastante peor. Pero es que también estamos atados por los préstamos que hemos solicitado y que nos condicionan, por los impuestos que sufrimos, los precios de los productos, la inflación o un vaya usted a saber. Hay tantos casos particulares y tantas ataduras como personas sobre la faz de la tierra. Normalmente el margen para mejorar esa situación es muy estrecho. Ojo, eso no quiere decir que lo debamos dar por perdido; podemos luchar por subidas de sueldo, cambiar de trabajo, buscar la manera legal de pagar menos impuestos, de buscar mejores condiciones para un préstamos o formas de ingresar más dinero. Piensa que si siempre haces lo mismo siempre tendrás los mismos resultados, haya que cambiar y luchar. Aún así el control de nuestros ingresos es complicado y existe un margen que quizá sea muy estrecho. Dejamos que otras personas decidan sobre nuestros dineros y eso crea dependencia. Lagarto, lagarto.

Pero ojo, no ocurre lo mismo con el control de los GASTOS, esta es la parte mollar. Ahí sí que podemos independizarnos en gran medida. Seguro que tenemos más claro lo que ingresamos que lo que gastamos y curiosamente es un capítulo mucho más interesante. Si has rellenado la herramienta de www.austere.es y has tenido que mirar entre facturas y recibos sabes de qué hablo. Conclusión:

HAY QUE METERLE MANO A LOS GASTOS. Es primordial, hay que buscar formas de ahorro para gastar menos en electricidad sin que nuestra calidad de vida  se resienta, y también en la alimentación sin que lo haga nuestra salud, y otro tanto con la calefacción, los restaurantes y un larguísimo etc que ya iremos descubriendo en www.austere.es.

Hay otros muchos casos en los que esa dependencia no es tal. Resulta cómoda, es difícil librarse de ella y quizá no conozcamos otra manera de hacer las cosas, pero no es imposible.

PONER A TRABAJAR EL DINERO. Aunque consiguiésemos tener los gastos y los ingresos controlados la mayoría de ellos siempre va a estar ahí, así que tenemos que dar un paso más allá, buscar un objetivo motivador. Para terminar con esa dependencia debiéramos poner a trabajar a nuestro dinero por nosotros, y procurar no ser nosotros los que trabajemos para él. Aquí será muy importante tu capacidad para decidir. El dinero compartido genera problemas, ya sean socios, parejas o familia. Suena fatal, muy egoísta, lo sé, pero no estamos hablando de sentimientos, estamos hablando de que las cosas funcionen.

Dejando a un lado pensamientos “buenistas” el dinero en importante y es un magnífico generador de felicidad que al final es de lo que se trata, de ser felices. Según algunos estudios la felicidad de las personas se consigue al ganar por encima de 26.000 €, una cifra redonda a la que se le pueden poner mil peros (no dan para lo mismo en Suiza que en México). Es una cifra a la que doy cierta credibilidad porque en el mismo estudio también nos dicen que si ganamos mucho más que esos 26.000 creamos unas expectativas de consumo negativas, una tensión consumista, es decir, que consumimos en la medida que ganamos y nos crea infelicidad, ganas de abarcar, de tener más. Es una necesidad que hay que saciar y eso no hace feliz a nadie. Aunque parezca mentira saber esto me resulta reconfortante.

OTRAS MEDIDAS. Solo cuando se han pasado malas rachas y ha habido que tomar medidas duras, cuando has tenido que actuar como un funambulista, cuando te has tomado la economía en serio. Pues bien, eso es un error y aunque sea un pensamiento muy agorero hay que estar preparados para lo peor. Hay que saber de economía. Ojo, no hay que ser un experto, pero si sería muy conveniente moverse con cierta soltura para tomar buenas decisiones y conocer nuestras posibilidades. Hay que plantearse objetivos para ahorrar, ya sea preparar la jubilación o comprar el coche a “tocateja” sin necesidad de préstamos. Al menos que sean los imprescindibles y con las mejores condiciones posibles. Cuando hay un objetivo hay motivación y está comprobado que funciona. Todo ello nos obligará a tener un plan financiero, a no aplazar las decisiones, a aprender de los errores, tener paciencia, sangre fría con nuestras inversiones y entender cómo funciona el DINERO.

El hippie no sabe que es tan esclavo como todos los demás y que si todos nos dedicásemos a pedir y tocar la flauta el mundo se iría al garete.

Rafael Jordá