LA IMPORTANCIA DE LA ECONOMÍA DOMÉSTICA

Cariño, no veo a Kevincito muy feliz. Quizá debimos comprarle la moto de agua

Cariño, no veo a Kevincito muy feliz. Quizá debimos comprarle la moto de agua

En el cole nos enseñan raíces cuadradas, declinaciones en latín y esos fantásticos conjuntos disjuntos que llenamos de colorines, pero nada de economía aunque sea una de las materias que más vayamos a utilizar en nuestra vida y la que puede hacernos más felices. La mayoría tienen que aprenderlo todo sobre la marcha. Tener pocos conocimientos y poco interés por nuestros dineros nos traerá numerosos dolores de cabeza y no hay ni una sola asignatura que nos lo enseñe. Se trata de gestionar la nómina, las mejores hipotecas y créditos, los precios de los productos, las amortizaciones, los impuestos e incluso saber dónde invertir nuestros ahorros para que nos renten el máximo.

Somos pequeños ahorradores y vivimos un capitalismo popular… y eso no es moco de pavo. Me explico:

TRAS LA LOCURA VINO LA CRISIS. En estos últimos años de penurias y lloriqueos se han ido introduciendo en nuestra vida términos económicos, tanto de micro como de macroeconomía. A la fuerza ahorcan. Desde la dichosa Prima de riesgo y las preferentes, a la amortización o los intereses. Desgraciadamente ha sido ese desconocimiento con su puntito de desenfreno colectivo, los que nos han ido endeudando. Y cuando digo NOS me refiero a familias, empresas y, sobre todo, a administraciones. No va a ser tan sencillo encontrar unos culpables claros, o al menos yo procuro no ser tan maniqueo.

Ese desconocimiento y ese desenfreno derivado son los grandes culpables del follón en el que nos hemos metido en estos últimos años. Los intereses se han llevado muchísima riqueza del país y han alejado a los inversores. Podremos echarle la culpa a ese abstracto que son los mercados, a los banqueros que se han ido de rositas, a los políticos incompetentes, y sin duda la tienen. Pero también habremos de hacer un poco de autocrítica, hacer memoria y recordar que todos nos volvimos locos. El dinero estaba barato, había muchas facilidades, mucha liquidez y un consumo desenfrenado en todos los sectores de la población excepto en los mayores de 75 años. Curioso. Ellos necesitaban 10 años de sueldo para pagar su inmueble y ahora hacen falta 20. Pero se educaron en el ahorro no en el exceso. Tenían bien claro que siempre debe haber más ingresos que gastos y es el concepto económico más básico y el más importante tanto para familias como para empresas. Su endeudamiento era escaso, era el imprescindible.

No menos sorprendente resulta que, según las estadísticas, sean los menores de 35 los que viven más a lo loco con deudas que triplican su deuda bruta anual. Efectivamente son ellos los que tienen por delante más gasto que hacer, más casas, coles de críos y demás por pagar, pero eso no puede ser. No podemos vivir a crédito si éste nos come por los pies.

Estadísticamente la gente está poco capacitada para evaluar los riesgos que corre, no digamos si firma contratos sin leer la letra pequeña o le cuesta asimilar la información. En cualquier caso pocos planifican sus cuentas y son precisamente los que menos tienen, los más humildes, los que menos lo hacen.

NUESTROS POLÍTICOS. Hay que pensar también en los políticos que nos representan. Desgraciadamente yo lo hago todos los días. Representan a un pueblo que lo ignora todo sobre su economía, que vive del endeudamiento y naturalmente ellos no saben hacer otra cosa que esa, que endeudarnos. No podemos pretender que sean mucho más listos que nosotros y además mucho más honrados. Por desgracia son iguales. Yo he estado en conversaciones con amigos en los que se ha despotricado de la corrupción en la política sin caer en la cuenta que ellos mismos defraudan el IVA, el paro, los consumos de luz o el gas, se escaquean en el trabajo cuando lo tienen y si llega el caso roban hasta el papel del Wc público. Luego lo justificarán diciendo que hay demasiados impuestos y que los precios son abusivos, pero estas rapacerías también suben el coste de los productos y eso nos afecta a todos los demás. A los que cumplimos y a los que no.

Otro tanto se puede decir de la capacidad de los políticos para gestionar el dinero público. El que te lo dice, el que los critica, es posible que se quede sin un chavo a mediados de mes pero ojo, exige medidas de ahorro a diestro y siniestro. Habla de los despilfarros en la administración y no ve la viga en el propio ojo.

SI VALE, ¿Y AHORA QUÉ?. Para una familia, para cualquier ciudadano, es tremendamente necesario tener muy claro su lugar en el mundo, cual es su capacidad de endeudamiento, las necesidades que podrás cubrir y donde esté el límite de la conocida copla: “vivir por encima de nuestras posibilidades”. Los efectos son demoledores.

Sorprendentemente los datos nos cuentan que durante la crisis nos hemos desapalancado, es decir, las familias y las empresas están menos endeudadas. Ha hecho falta tirar de ahorros para sobrevivir e incluso para dejar dinero a los necesitados. Hemos sido prudentes y nos hemos quitado un buen pellizco de esa deuda que nos comía por los pies. ¿Por qué ha ocurrido todo esto?, pues mi teoría es que nos hemos tomado las cosas en serio, le hemos prestado atención a nuestras finanzas y no hemos caído en las locuras que acostumbrábamos. Es como cuando te muerde un perro y te los empiezas a tomar en serio y a tomar medidas antes incluso de que aparezcan. Es lo más positivo que podemos sacar de estos años de crisis.

Controlar nuestras finanzas nos hace ser más fuertes, menos vulnerables. Nos va a evitar disgustos, nos va a dar libertad y autonomía. Nos va a permitir, en resumen, ser más felices; pero es que además podremos despotricar de nuestros políticos con la conciencia bien tranquila.

Rafael Jordá