OJITO QUE SOY CONSUMIDOR

Los hados lo ven claro. Capricornio está en Sagitario y no vas a pedir Hojas de Reclamaciones por mis servicios

Los hados lo ven claro. Capricornio está en Sagitario y no vas a pedir Hojas de Reclamaciones por mis servicios

Este titular de aquí arriba suena a chulería, pero no lo es. A grandes rasgos al consumidor se le tiene bastante maltratado. La mayoría de las veces  está así porque es conformista  y eso lo saben de sobra quienes no le toman en serio.  Dicen que es muy habitual en la cultura mediterránea montar un follón a un dependiente, a un camarero, amenazar con pedir el libro de reclamaciones (como quien saca un comodín mágico), pero finalmente no hacer nada serio. En el norte de Europa la cultura es otra, no dicen ni pío o no suelen montar mucho follón, pero reclaman y hacen uso de sus derechos. Es aquello del “perro ladrador poco mordedor” o como dicen los ingleses “duelen más sus ladridos que sus mordiscos”.

Normalmente, en nuestra vida cotidiana, con los mil intercambios de bienes y servicios que tienen lugar, ya sea en una tienda, restaurante, con algún recibo o servicio, creamos una relación de confianza entre el que compra y el que vende. Por muchas razones esa confianza puede traicionarse, resultar insatisfactoria y en la mayoría de los casos favorecer al vendedor. Pues bien, aunque parezca lo contrario, no estamos solos en esta pelea.

NUESTROS DERECHOS. En España los derechos de consumo los protege nada menos que la Constitución del 78 en su artículo 51 y no solo garantizan las quejas que podemos dar tras una compra en nuestra vida diaria. También ataña al proceso, a la seguridad de esos productos, a las indemnizaciones, a las clausulas abusivas de los contratos, a la buena información que recibimos, etc. Todos estos derechos podemos consultarlos en el Instituto Nacional de Consumo y no hay que incidir mucho en la necesidad que hay de conocerlo si no nos queremos llevar sinsabores. La otra opción es meternos en una cueva y no gastar dinero.

¿ALGO NO HA IDO BIEN?, PUES A RECLAMAR. En primer lugar, antes de cualquier compra y no digamos si es de mucha cuantía, hay que prevenir. Tenemos que mirar las condiciones que nos ofrecen, que estén bien explicadas y sean fidedignas. Naturalmente haremos más hincapié en las compras por internet. Hay que saber que los derechos que nos asisten en estas transacciones son los mismos que tendríamos si estuviésemos de forma presencial en la tienda. Los mismos.

Si no estamos satisfechos y el vendedor no nos hace caso evítate montar follón, hay que cuidar el corazón y buscar otras vías.

  • Lo primero será pedir la Hoja de Reclamaciones y explicar de la mejor forma lo que nos ha ocurrido. Hay que ser claro y conciso, no te vayas por las ramas. Tienen obligación legal de tenerlas y facilitarlas. Si no lo hiciesen habría que ir directamente a la policía porque están incumpliendo la ley y se van a meter en un buen lío. La autoridad recoge estas hojas, estudia nuestra reclamación y si ve razones inicia un expediente para inspeccionar y, si llega el caso, sancionar al establecimiento. Nosotros guardaremos el resguardo por si hay que ir a juicio.
  • Después, si siguen sin hacernos caso, podemos acudir la Oficina Municipal de Atención al Consumidor (OMIC) más cercana o a la Dirección General de Consumo de nuestra Comunidad.  Allí se rellena un formulario donde hay que identificar bien a la empresa que queremos reclamar, con facturas, tickets y toda la documentación posible. También nos informarán de nuestros derechos y de las posibilidades que tenemos. El tiempo corre en nuestra contra y dependiendo de lo que reclamemos estaremos en plazo o no. Hay que darse prisa. Aquí entra en funcionamiento el llamado Arbitraje de Consumo, un sistema extrajudicial para resolver los litigios. Es un procedimiento imparcial que nos dará o nos quitará la razón. El arbitraje es vinculante para ambas partes con la misma importancia que una Sentencia judicial.
  • En tercer lugar y según el sector podremos reclamar a organismos específicos. Esta es la lista de los más habituales:
  • Por último podemos acudir a la justicia civil ordinaria incluso si hemos hecho todo lo anterior y estamos convencidos de que tenemos razón.

Rafael Jordá