PONERLE CARA A TUS ENEMIGOS. REDUCIR LOS GASTOS (Parte I)

jorda-mosquitos

Soy perfectamente consciente de que este titular es más fácil escribirlo que hacerlo. Las cosas están como están , los gastos no hacen más que subir y reducirlos, en muchos casos, viene a ser como perder peso, hacer deporte o dejar de fumar. De todas formas, seamos positivos. Por lo pronto tengo claro que la posibilidad de ahorrar reduciendo gastos NO depende de nuestro nivel de ingresos o, al menos, no del todo. Efectivamente si ganamos mucho dinero es más posible que ahorremos más, pero también puede ser que ganemos más y el ahorro sea muy inferior a otras personas o familias menos pudientes. Quizá no se trate de ganar más, quizá se trata de gastar menos, ajustarse y tratar de vivir mejor.

Para empezar tenemos que saber en dónde estamos:

  1. Somos de los que gastamos más de lo que ganamos y nos vamos endeudando.
  2. Somos de los que gastamos lo mismo que ganamos y no hay manera de ahorrar
  3. Somos de los que gastamos menos de lo que ganamos y conseguimos un cierto ahorro.

A estas alturas de la película ya debiera estar claro cual de los tres puntos es el interesante para vivir felices y sin que el dinero se convierta en una penitencia. La primera pregunta que debes hacerte es si con un 30% menos de ingresos podrías sobrevivir.  Es una cifra conservadora y realista. Si la respuesta es un NO, ponte las pilas porque puedes llegar a tener un problema y habrá que estar preparados. A la hora de hacer una previsión económica hay que ser realistas, incluso pesimista si cabe. No siempre las cosas nos van a ir bien y habrá que estar preparado para vacas flacas.

VIVIR A CRÉDITO. Hoy en día hay tal cantidad de posibilidades de endeudarse, de acceder al dinero, que resulta muy sencillo complicarse la vida. El otro día, en uno de esos tremendos cortes para anuncios de 7 minutos con los que nos obsequia la televisión, conté 5 spots de empresas que, sin casi papeleo, en menos de 15 minutos y de forma sencilla, te ingresan dinerito fresco para gastar. Pues bien, son los primeros de los que te tienes que defender, los peores enemigos de tu bendito ahorro. Ese mundo color de rosa es suicida, sobre todo si se está derrochando el dinero en caprichos y consumismos varios.

También tenemos facilidades de pago, moratorias y un largo etcétera en el que hay que destacar, por su peligrosidad, a las tarjetas de crédito. Ellas te lo van a poner muy fácil para vivir por encima de tus posibilidades y vas a hacerte tan adicto a esa muleta que te llevará a la parálisis. Cuidado con ellas.

EL COCHE. Eso de que es como un hijo tonto no lo dicen por decir. Es otra manera de vivir a crédito con uno de los gastos familiares más altos. Esas facilidades de pago que te ofrecen unos vendedores muy simpáticos son una trampa. A ellos no les importa si te lo puedes permitir, si lo necesitas, si se ajusta a tus necesidades. Ellos quieren la firma en un contrato de financiación con cómodas cuotas mensuales de financiación que no asustan. Desde luego no es lo mismo decir 30.000 € que 200€ al mes durante una década. Habrás de sumarle los gastos de los intereses y otros de mantenimiento como los talleres para las averías, revisiones, piezas, seguros, gasolinas y  un larguísimo etcétera . Esto no significa que no te debas comprar un vehículo, que no te des el capricho si te hace feliz, eso significa que debes hacer cuentas, no cegarte ante un objeto tan tentador, que habla tanto de ti y que además suele resultar tan envidiable para los que te rodean.  Y eso me lleva a otro tema bien importante:

jorda-mosquitosEL RESTO DE LA HUMANIDAD. Suena raro que este vaya a ser un enemigo, pero me explico. Muchos gastos, muchísimos, no los hacemos para disfrutar nosotros, los hacemos de cara a los demás. Unas veces porque salimos con amigos y no todos tienen el mismo nivel de gasto. Habría que decir aquello de “vamos a un sitio más barato que esto no me lo puedo permitir”, pero casi nadie lo hace. Otras veces se trata simple y llanamente de dar envidia a vecinos, amigos y familia. Así de triste y así de cierto. En este caso habrá que plantearse a quién beneficia ese gasto y en segundo lugar saber si es un capricho, si es un “me lo merezco” que lo justifique y naturalmente si nos lo podemos permitir. Si hay que hacer equilibrios para justificarlo y para pagarlo olvídalo.

Rafael Jordá