PONERLE CARA A TUS ENEMIGOS. REDUCIR LOS GASTOS (Parte II)

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Carcomas, parásitos, podredumbre…no, no es la receta de un hechizo de una bruja, es algo mil veces más nocivo. Son los gastos tontos que tenemos que exterminar si queremos tener unas finanzas sanas que no se conviertan en un problema y nos proporcionen una vida feliz.

Nos quedamos en el artículo anterior poniéndole el foco al resto de la humanidad, a ese gasto perfectamente prescindible que hacemos de cara a los demás. Pues bien, sigamos por ahí aunque escueza.

ESE GUSTIRRINÍN AL GASTAR. Todos nos hemos puesto alguna vez una excusa para gastar, hemos dicho eso de “me lo merezco”, “solo es un capricho”, “he pasado una mala temporada y me quería hacer un homenaje” y un largo y variado etcétera. No voy a ser yo el que destierre estas prácticas, si nos lo podemos permitir no son ningún problema pero si necesitamos justificarlas mucho, si necesitamos convencernos y se puede evitar quizá debamos plantearlo y “darle un hervor”. No digamos si hay que pedir ese dinero prestado a bancos, entidades e incluso amigos y familiares. En ese caso debiera estar claro.  Puede ser beneficioso darnos homenajes, eso desde luego, pero se puede convertir en una costumbre, en algo que necesitemos constantemente y que vaya agotando nuestras finanzas.

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Comprar para sentirnos bien se puede convertir en una adicción. Desgraciadamente hoy en día parece que casi cualquier cosa se puede convertir en una adicción. En este caso ya se diagnostica y trata por especialistas, pero es que además, como en las otras adicciones, puede convertir nuestra vida en un calvario. Hay que tener muy claro que comprar constantemente, renovar el armario cada año o regalarnos viajes y restaurantes caros a todas horas, no tiene necesariamente que hacernos felices. Lo óptimo sería disfrutar con cosas que no nos cuestan dinero, o hacerlo con otras que pueden ser más baratas y hacernos sentir bien igualmente.

AUDITAR NUESTRAS CUENTAS; REVISAR LOS GASTOS. Vaya por delante que debiéramos convertir el ahorro en un hábito, como lo es sacar la basura o ducharse. Habrá que tener claro nuestros ingresos, eso siempre, pero mucho más nuestros gastos. Ahí está el quid de la cuestión. Ahí podremos ver dónde se nos va el dinero, diferenciar entre los gastos fijos, los ineludibles, y los que no los son. Una vez tengas claros los primeros verás el margen que te queda para poder permitirte los segundos. La gente meticulosa los tiene en una hoja Excel y anota hasta los gastos más insignificantes. Si no te quieres complicar la vida, si quieres tener acceso desde cualquier dispositivo e incorporar gastos según te llega te lo ponemos fácil en AUSTERE.

Recopila los extractos de tarjeta, facturas, recibos, declaraciones de impuestos y hasta el justificante del cajero. Si lo haces durante una temporada verás que se puede convertir en un hobbie interesante, en un hábito detectivesco que te lleve al ansiado ahorro.

Rafael Jordá