¿Qué diablos es el IRPF?

Queridos votantes. Tenemos mucho trabajo por delante. nos vemos dentro de 4 años.

Queridos votantes. Tenemos mucho trabajo por delante. nos vemos dentro de 4 años.

Corre de boca en boca la frase que dice que el dinero donde mejor está es en nuestro bolsillo. Lo cierto es que no soy quien para discutirla, sería cuestionar el liberalismo y, desde luego, no soy el mejor defensor de las subidas de impuestos. Creo que la carga fiscal que aguanta el ciudadano de a pie es excesiva, sangrante, y además penaliza el consumo, el ahorro, el trabajo y las ganas de progresar. Pero es que además estoy convencido que ese dinero que sacan de nuestros bolsillos se malbarata. “El dinero público no es de nadie” dijo la Ministra y es un concepto que muchos piensan aunque no sean tan imprudentes como para decirlo en alto. A mí me hubiera dejado mucho más tranquilo que hubiera dicho que el dinero público hay que cuidarlo más y mejor que el propio.

En cualquier caso la recaudación que el Estado obtiene del IRPF es fundamental para su supervivencia, representa el 30% de sus ingresos. En el caso de las Comunidades Autónomas, a las que tiene cedida parte de su recaudación,  su peso es incluso mayor, un 80%. Si suprimiésemos ese impuesto habría que buscar otro que cubriese su cuantía y a estas alturas ya no queda mucho de donde rascar. Pero ya digo, esa es otra historia. Lo que nos toca hoy es explicarlo.

DEFINICIÓN. El Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, el IRPF, es de tipo directo, afecta a una persona (sujeto pasivo nos llaman ellos) que tenga su residencia en territorio español al menos  durante 183 días al año. Nos afectará según sea nuestro nivel de ingresos y puede amoldarse a nuestras circunstancias personales como por ejemplo la edad, los hijos y mayores a nuestro cargo, que tengas contrato temporal o indefinido e incluso el momento del año en el que hayas empezado a trabajar. Si tus ingresos son inferiores a los 22.000 € brutos anuales estás exento.

Su forma más habitual es aplicándolo sobre nuestro sueldo (rendimientos del trabajo). Ya sea cuando trabajas por cuenta ajena, propia o recibes subsidio de desempleo o jubilación. También se aplicará en las ganancias y pérdidas patrimoniales, es decir, que te toque un premio, haya una transmisión o una pérdida que no sea por causa del juego o el consumo. Por último están las llamadas imputaciones de renta es decir, los bienes que recibes que no son necesariamente dinero, como por ejemplo una casa.

Por otro lado es un impuesto que ataña  a los ciudadanos y no a las empresas. En 2012 superó los 60.000 millones de euros, mientras que el Impuesto de Actividades Económicas no llega a los 18.000.

MATICES.

Hay que recordar que además es el único impuesto realmente progresivo del sistema tributario español. Cuanto más ganas, más pagas… pero ojo, con mil matices. Por ejemplo un 85% de los contribuyentes declara ganar menos de 30.000 € al año, y solo un 4% reconoce ingresos superiores a los 60.000 que marcaría el umbral de lo que se considera “ser rico”. Por ello no es de extrañar que haya gente que le merezca la pena cierta reducción de sueldo o bien cobrar parte en especie. El caso es que son los primeros, los del primer tramo, los que tienen ingresos más humildes pero por encima de esos 22.000 € los que sostienen el pago del IRPF. También suelen ser los más afectados cuando se tocan los tramos. Son ellos, la clase media que tanto se piropea desde el poder, los paganos de la crisis y los que están empobreciéndose y desapareciendo poco a poco. Ellos, que estarán retratados en una nómina sin posibilidad de escapatoria, sufren el IRPF y el largo rosario de impuestos que meten sus narices en cualquier transacción económica que hagamos.

Rafael Jordá