RÓMPASE EN CASO DE EMERGENCIA

¿Les he enseñado las fotos de los buenos tiempos?, ¿cuando trabajé con Tarzán?

La tempestad que hemos sufrido con esta crisis, la que al parecer está escampando, ha dejado una playa llena de algas, de maderas de naufragios, de peces muertos y alguna que otra embarcación. Una manera, algo poética, de ponerle cara a esa imagen de personas en paro, sin casa y empresas que echan el cierre.

Las cifras de paro bailan según el instituto que las dé e incluso se matizan si contamos con la economía sumergida, un 26% según los cálculos. Por mucho que queramos mirar a otro lado, gracias a esa economía y a las ayudas de las familias, no ha estallado la calle o al menos no tanto como podría haberlo hecho. Desgraciadamente el paro se ha convertido en el pan nuestro de cada día, ha servido de colchón para muchas personas, de acicate para otras y, habrá que decirlo, de lastre para unos cuantos que se han sentido seguros con el subsidio y que no han luchado todo lo que hubieran podido. Naturalmente es opinable y conoceremos decenas de casos que rebaten o refutan estas afirmaciones. En cualquier caso el paro ha hecho que el drama de no tener trabajo fuese más llevadero y a algunos les ha servido para poner los cimientos de su prosperidad. Veamos algunas de esas opciones.

CAPITALIZAR PARO. El gobierno ha querido extender entre el público la necesidad y el interés de crear emprendedores. Si no sale trabajo, créalo, dicen. Cierto es que no han hecho gran cosa para favorecerlos y sí por requisar sus primeros beneficios, pero esa es otra historia. Últimamente se oyen voces críticas que nos advierten que no todo el mundo puede o debe emprender, no es fácil y no va a llovernos el dinero por muchos casos de éxito que hayamos visto en televisión.  Aún así hay gente que lo ha tenido claro, que tiene madera, que ha hecho muchos números y se quiere lanzar. La capitalización del paro es una magnífica herramienta para conseguirlo. En 2011 lo hicieron más de 147.000 personas y en 2012 superan las 200.000.

Se trata de cobrar de una sola vez nuestro subsidio en lugar de hacerlo mes a mes. Para conseguirlo habremos de presentar en el SEPE (Servicio Público de Empleo estatal) una memoria del proyecto y la inversión que vamos a necesitar para ponerlo en marcha. Naturalmente será interesante que afinemos y no expongamos una idea muy genérica. Contaremos que necesitamos alquileres, promoción, contrataciones, maquinaria, asesoría, compras y un larguísimo etcétera con sus precios correspondientes.

Podrán beneficiarse aquellos que estén cobrando el paro, que vayan  a hacerlo, tengan pendientes de cobrar al menos tres mensualidades y no lo hayan hecho en los cuatro años anteriores. Será complicado que nos den el 100% (si no somos emprendedores menores de 30 y emprendedoras de 35) y quizá solo podamos recibir un porcentaje. Ene se caso será en mensualidades que nos permitan cubrir costes corriente o la cotización de autónomo a la Seguridad Social hasta que agotemos lo que nos corresponde.

SALIR AL EXTRAJERO. Igual que ha ocurrido con los emprendedores ha pasado otro tanto con los emigrados. Salir fuera nunca significará necesariamente que nos esperen con los brazos abiertos, dinero a espuertas y grandes posibilidades de crecer profesionalmente. Hay que tener idiomas, hay que estar preparado, dispuesto a trabajar duro, hacerlo bien y si podemos ir con un contrato firmado mejor que mejor. El efecto “españoles por el Mundo” ha hecho mucho daño.

Si nos decidimos por salir vamos a necesitar una financiación hasta que nos hayamos hecho un hueco en el mercado laboral extranjero. Hay que pensar que algunos países de Europa tienen unos costes de la vida muy altos y hasta podríamos necesitar 3.000 € al mes para “ir tirando”. Siempre que se trate de la UE y Suiza (mientras no voten lo contrario), gracias a los reglamentos comunitarios, podremos cobrar tres meses prorrogable a seis si estamos dados de alta en los Servicios Públicos de Empleo al menos un mes. Ahí mismo, en sus oficinas, pediremos exportar nuestra prestación.

Si  te ocurre lo contrario, que trabajabas fuera, en una empresa española dentro de la UE y vuelves,  tienes los mismos derechos que si hubieras estado aquí. Si es fuera de la UE dependerá del país.

Rafael Jordá